¡Convértete en un expert@ sobre el IVA!

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El IVA es uno de los principales impuestos del sistema fiscal español. Consiste en una recaudación que se aplica sobre todo tipo de bienes, actividades y procesos. Sin embargo, su extensión no está vinculada a su conocimiento por parte de los ciudadanos. Por tal razón, en este artículo explicaremos qué es, cómo se grava y cómo declararlo, entre otros aspectos de utilidad.

¿Qué es el IVA?

De acuerdo con la Agencia Tributaria, es «un impuesto indirecto que recae sobre el consumo: lo pagan los consumidores finales de bienes y servicios». Estos pueden haber sido producidos tanto en el territorio nacional como en el exterior. No obstante, se gravan cuando se comercializan en España, es decir, dentro del territorio fiscal.

Entonces, ¿es un impuesto directo o indirecto? Para clasificarlo, conviene tener en cuenta las características de cada uno:

  • Los impuestos directos tributan sobre el patrimonio de las personas.
  • Los impuestos indirectos tributan sobre cómo utilizan las personas su riqueza.

Respecto a lo anterior, lo podemos clasificar como un impuesto indirecto. En este sentido, se le aplica un incremento en el precio de los bienes (tanto productos como servicios). En sí, es el impuesto que dispone de una mayor extensión en nuestro país y lo deben abonar tanto personas físicas como jurídicas.

Este impuesto plantea una diferencia bastante amplia respecto al IRPF. El primero se grava sobre la renta de los ciudadanos. Por su parte, el segundo solo lo hace a la transacción de productos y servicios. Dicho en otras palabras, toma como base el sistema económico para tributar sobre la concesión de bienes con naturaleza comercial.

¿Cuáles son los tipos de IVA en España?

Se distinguen tres tipos de IVA en España. De esta manera, hay distintos porcentajes que obedecen a un criterio estratégico: mientras más básico sea para el usuario suplir esa necesidad, se le aplicará una retención menor. Todo esto varía con el tiempo, así que es fundamental conocerlo.

Tipo general

Se corresponde con el más común y es del 21 %. Por lo general, se aplica a los productos y servicios de todo tipo, así como a las actividades profesionales. Los electrodomésticos, la ropa o el mobiliario del hogar son ejemplos de ello. Lo mismo sucede con sectores como las importaciones o las artes plásticas.

Tipo reducido

El segundo tramo supone una reducción de más de la mitad respecto al segundo. Consiste en un 10 % y el principal ejemplo son los productos básicos de alimentación. También lo incluyen determinados sectores, como el transporte, el inmobiliario o la hostelería, y las actividades culturales, como el teatro o el cine.

Tipo superreducido

El último tramo es del 4 % y se aplica solo a las actividades y bienes más básicos para la población. Entre ellos, alimentos (pan, frutas, verduras) o medicamentos de extrema necesidad. Asimismo, se aplica esta exención a prótesis o sillas de ruedas para personas con discapacidad.

Tipo exento

En realidad, este no es un tramo, pero conviene incluirlo dentro de esta clasificación. Como veremos después, hay actividades y servicios que están exentos (tributan el 0 %). Se trata de aquellos que son de extrema necesidad para la población, como sucedió con el material médico durante la pandemia.

¿Quién tiene que hacer la declaración?

En sí, todas aquellas personas y entidades que realicen actividades económicas deben abonarlo. Para ello, lo primero que deben hacer es darse de alta en el tributo y emitir declaraciones trimestrales. El motivo es que dichas personas físicas o jurídicas actúan como recaudadores en nombre de la Agencia Tributaria. Lo veremos mejor con un ejemplo:

Una empresa cuenta con el tributo correspondiente a su actividad (21 %). Este es abonado por sus clientes y recibido por la compañía. Cada tres meses, esta comunica a Hacienda cuánto dinero ha recibido con este impuesto, el cual ha de liquidar para cumplir con sus obligaciones fiscales.

Plazos para emitir la declaración

Hoy en día, existen cuatro plazos distribuidos a lo largo del año para llevar a cabo esta comunicación. Es importante respetarlos al máximo y se corresponden con los siguientes:

  • Primer trimestre. Contiene las facturas emitidas entre enero y marzo y se presenta del 1 al 20 de abril.
  • Segundo trimestre. Incluye las facturas emitidas entre abril y junio y se presenta del 1 al 20 de julio.
  • Tercer trimestre. Abarca las facturas emitidas entre julio y septiembre y se presenta del 1 al 20 de octubre.
  • Cuarto trimestre. Reúne las facturas emitidas entre octubre y diciembre y se presenta del 1 al 30 de enero.

Para resumir lo anterior, cada plazo termina veinte días después de haber finalizado el trimestre. La única excepción es el cuarto trimestre, que es la culminación del año fiscal y posee diez días adicionales. Por otro lado, es fundamental tener en cuenta que las declaraciones online tienen un plazo de cinco días menos, es decir:

  • Primer trimestre. Hasta el 15 de abril.
  • Segundo trimestre. Hasta el 15 de julio.
  • Tercer trimestre. Hasta el 15 de octubre.
  • Cuarto trimestre. Hasta el 25 de enero.

Consecuencias de no cumplir los plazos

Tal y como decíamos antes, es sumamente importante respetar los plazos marcados por Hacienda. De no hacerlo, podríamos estar expuestos a una serie de consecuencias. Estas dependerán de lo que haya sucedido y de quién se haya percatado antes del error. De esta forma, podríamos hablar de recargo o de sanción.

En el primer caso, se aplica un recargo si es el autónomo o la empresa quienes se han dado cuenta antes. Estaríamos hablando de una rectificación por iniciativa propia que viene acompañada de una declaración inmediata del impuesto. Como resultado, se aplican los siguientes porcentajes adicionales:

  • Menos de tres meses: recargo del 5 %.
  • Entre tres y seis meses: recargo de 10 %.
  • Entre seis y doce meses: recargo del 15 %.
  • Más de un año: recargo del 20 %.

En el segundo caso, el recargo se convierte en sanción si es la Agencia Tributaria la que notifica el error. De este modo, la Ley General Tributaria concibe una serie de penalizaciones que obedecen a tres tipos distintos. Las retenciones en estas situaciones son mucho más elevadas:

  • Infracción leve: 50 % adicional.
  • Infracción grave: 100 % adicional.
  • Infracción muy grave: 150 % adicional.

¿Cómo se hace la declaración?

El proceso que mostraremos a continuación es válido para autónomos, empresas y asesores fiscales. Recientemente, la Agencia Tributaria obligó a los autónomos a realizar todos los trámites de manera telemática. En este sentido, hay tres vías de acceso que incluyen a distintos perfiles profesionales:

  • Personas físicas. No están obligadas a disponer de un certificado electrónico y tienen la opción de acceder mediante Cl@ve PIN.
  • Entidades. Tampoco están obligadas a contar con un certificado electrónico. Pueden descargar el impreso y presentarlo.
  • Otros organismos. Las grandes empresas, sociedades anónimas o de responsabilidad limitada deben usar el DNI-e.

Primer paso – identificación general

Esta parte del proceso suele ser la más larga al principio, pero se efectúa de forma casi automática posteriormente. El motivo es que el propio sistema guarda los datos para futuras operaciones trimestrales. La persona debe rellenar sus datos personales y fiscales (nombre y apellidos, NIF, razón social y demás).

Después, se presentan distintas casillas que se podrán marcar o no, dependiendo de la situación:

  • Inscripción en el Registro de devolución mensual.
  • Tributación en el régimen simplificado.
  • Existencia de liquidación conjunta.
  • Declaración previa de concurso de acreedoras.
  • Prorratas especiales o revocaciones de sus aplicaciones.
  • Exoneraciones por diversas cuestiones.

Segundo paso – impuesto devengado

El Impuesto sobre el Valor Añadido devengado es el que se recauda por parte de los autónomos o empresarios a sus clientes. Las primeras nueve casillas son para concretar el importe total obtenido en los tres tramos. En las sucesivas casillas (hasta la 27), se especificará el capital obtenido mediante distintas vías y de manera justificada:

  • Compras intracomunitarias de bienes y servicios.
  • Facturas emitidas a comercios adscritos al Recargo de Equivalencia.

La casilla 27 es la que refleja, por lo tanto, todo el capital devengado, para lo que se deben sumar todas las anteriores.

Tercer paso – impuesto deducido

Por otro lado, hay una serie de gastos que se pueden deducir. Es decir, aquellos conceptos que pueden contener una determinada exención o reducción. Hay tres criterios distintos que se abarcan entre las casillas 22 y 45. Por lo general, sirven para concretar las particularidades que veíamos en el primer paso:

  • Bases imponibles de operaciones corrientes o bienes de inversión.
  • Regularización de deducciones erróneas en trimestres anteriores.
  • Otros tipos de regularizaciones o compensaciones.

Por último, la casilla 45 es la que aporta el total que se debe desgravar. Para obtenerla, hay que sumar todas las cantidades correspondientes a las deducciones.

Cuarto paso – resolución

El último paso es la resolución del proceso: la comunicación del capital que hemos recaudado. Para ello, hay que aplicar una sencilla fórmula:

Capital deducido – capital devengado = resultado de la declaración.

No debemos olvidar que el primero se encuentra en la casilla 45. El segundo, por su parte, se puede localizar en la casilla 27. El resultado debe figurar en la casilla 46.

¿Quién interviene el impuesto sobre el valor añadido?

Para que un impuesto tan complejo como este funcione, es necesario que haya un mecanismo concreto. En este, hay tres piezas que intervienen, cada una con sus obligaciones fiscales y procedimientos. Generalmente, es la Ley General Tributaria la que expone el sistema del IVA en España:

  • El contribuyente. Son los consumidores de bienes y servicios, y pueden ser tanto personas como empresas. Cuando hacen determinada adquisición, pagan su valor, más un incremento que puede ser el 21, 10 o 4 %.
  • Los sujetos pasivos. Quienes desempeñan actividades económicas deben ejercer de recaudadores, como decíamos antes. Hacen de intermediarios entre los anteriores y Hacienda.
  • La Agencia Tributaria. Es la última pieza de mecanismo y la que recibe el capital retenido mediante este impuesto. Posteriormente, se destina a la recaudación total del Estado en materia fiscal.

¿Cuáles son las actividades exentas?

Por sus características estratégicas, hay ciertas actividades y sectores que están exentos de abonarlo. Es considerada como una vía que tiene el Estado para acercar su adquisición a los ciudadanos. Aunque se conciben de manera general, pueden existir excepciones (que no exenciones) dentro de su ámbito particular.

Educación

Las clases particulares (extraescolares) o las escolares en centros públicos y privados están exentas. También se incluyen las academias de idiomas, cursos de formación profesional, el sistema universitario hasta el posgrado y los programas de reciclaje que ofrecen las compañías. Lo mismo sucede con el cuidado de niños cuando tiene una finalidad educativa.

Asistencia sanitaria

Los centros públicos y privados no abonan este impuesto mientras estén prestando servicios básicos de asistencia sanitaria. No se abarcan, por ejemplo, las operaciones de cirugía estética o las prestaciones veterinarias. Por su parte, sí abarca los servicios de diagnóstico, tratamiento, prevención, hospitalización o suministro de medicamentos.

Servicios sociales

Comúnmente, no tributan los servicios destinados a la protección ciudadana, sobre todo, a la infantil. Esta categoría es bastante amplia, así que expondremos los más comunes:

  • Protección a colectivos vulnerables. Personas sin hogar, refugiados, personas con asilo concedido o minorías étnicas.
  • Servicios de asistencia y cuidado a la tercera edad. Servicios sociosanitarios, especialmente.
  • Coberturas destinadas a la infancia. Rehabilitación, excursiones, formación, lactancia o custodia.

Arte

Esta categoría cuenta con ciertas exenciones que no la abarcan en su totalidad. Los servicios protegidos mediante derechos de autor están libres de tributar este impuesto. Por ejemplo, los escritores de obras o colaboradores en prensa (excepto los medios online, que no disponen de este recurso).

Operaciones financieras

Las aportaciones a depósitos en efectivo o el capital destinado a créditos y préstamos están incluidos. No obstante, la concesión y arrendamiento de bienes de naturaleza inmobiliaria no están obligados a tributarlo. Lo mismo sucede con los servicios prestados a compañías aseguradoras, en su mayoría.

Con este artículo hemos planteado una guía completa sobre qué es el IVA. Hemos hecho un repaso por su aplicación en nuestro país y por el método de tributación. Lo más importante es tener en cuenta los plazos, tramos y actividades para realizar un cálculo efectivo y ajustado. Si estamos al corriente de nuestras obligaciones fiscales, evitaremos sanciones o reclamaciones. Para que no tengas que preocuparte por estos trámites, te invitamos a probar nuestra demo gratuita de Yuki. ¡Conócela!

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